¿Qué pasa después de un masaje? Lo que nadie te cuenta
Sueño, hambre, emoción de golpe, ganas de no hablar. Qué esperar las horas siguientes, cuándo conviene ducharse y por qué no hay que analizar nada el mismo día.
MASAJES: ANTES, DURANTE Y DESPUÉS
8/18/20264 min read


Casi todo lo que se escribe sobre masajes termina cuando terminás vos. Y en realidad ahí empieza otra parte.
Casi todo lo que sigue es la misma regla. Es como ponerte la ropa recién lavada y planchada para ir a revocar una pared.
Todo lo que viene abajo dice lo mismo con distintas palabras: no cortes el estado de golpe. Al cuerpo le movieron cosas y necesita un rato para reacomodarse, volver a su eje y asimilar lo que se trabajó.
Cualquier cosa que lo saque rápido de ahí —el agua, la comida, el gimnasio, el teléfono, la lista de pendientes— le interrumpe ese trabajo justo cuando lo está haciendo.
No hay nada prohibido. Es más simple: si podés esperar un rato, el efecto te dura mucho más.
Los primeros minutos
No te levantes de golpe.
Después de una sesión el cuerpo está en otra frecuencia: la presión bajó, la respiración está más lenta, y el sistema todavía no volvió al modo de todos los días. Si te parás de un salto y salís caminando rápido, lo cortás en seco.
Quedate un rato quieto. Sentate antes de pararte. Andá despacio los primeros minutos.
No es una recomendación de manual: es lo que hace que el efecto te dure horas en vez de minutos.
No, no vas a salir aceitoso
Es una de las cosas que más frena a la gente que se hace un masaje en el medio del día: la idea de volver al trabajo pegoteado o de tener que ir a bañarse a algún lado.
No pasa. De eso me encargo yo antes de que te vayas: salís con la humectación justa, sin arruinarte la ropa.
La ducha: esperá hora y media
Podés ducharte, pero conviene darle tiempo.
La ducha te activa. Y justo venís de un estado donde el músculo aflojó y todo bajó de revoluciones — el agua te lo saca antes de tiempo. Es medio contradictorio: te bañás para prolongar la sensación y en realidad la cortás.
Yo diría noventa a 120 minutos. Después de eso, dale tranquilo.
Tomá agua
Esto se dice mucho en el rubro y suena a consejo de folleto, pero tiene una razón.
Un masaje no es solo relajación: es una intervención sobre el músculo, la circulación y el sistema linfático. Todo eso mueve cosas que después el cuerpo tiene que procesar y sacar. El agua es lo que le hace más fácil el trabajo.
Y de paso ayuda a que al otro día estés menos dolorido.
Al final no te voy a pedir que expliques nada
Cuando termina la sesión charlamos un poco, según cómo venga cada uno. Pero no te voy a pedir una devolución ahí mismo.
Recién salís de un estado, y ponerte a buscar las palabras para explicarlo te devuelve a la cabeza justo cuando habías salido de ahí.
Si te sale contarlo, se habla. Si no te sale, no pasa nada y no hace falta.
Lo que puede pasarte en las horas siguientes
Cada cuerpo responde distinto, pero hay cosas que se repiten y conviene que las sepas antes, para que no te agarren de sorpresa:
Sueño. Mucho. Es de las más comunes, sobre todo si venías con varias noches malas encima.
Hambre. El cuerpo sale del modo alerta y pide combustible.
Ganas de no hablar con nadie. No es que estés mal: es que estás en otra frecuencia y el ruido molesta más de lo habitual.
Y a veces, emoción de golpe. Hay gente que se emociona o directamente llora, y casi siempre sin un motivo que pueda señalar. No es que haya pasado algo triste: el cuerpo sostiene tensión durante años y cuando la suelta, a veces sale con carga adentro.
Si te pasa, no tiene nada de raro y no significa que algo salió mal. Significa lo contrario.
Y si te hiciste un descontracturante, puede que al otro día sientas alguna molestia. Con las técnicas que uso no suele haber dolor, pero algo de molestia o inflamación entra dentro de lo esperable: es parte del proceso, no una señal de que se hizo de más.
Lo que no conviene hacer justo después
Comer enseguida, tampoco. Aunque te agarre hambre —y es común que pase—, dale un rato. Una digestión arranca todo un operativo interno y te saca de ese estado antes de tiempo.
Gimnasio o actividad física exigente, no. El cuerpo viene de reacomodarse y necesita terminar de hacerlo — mandarlo a rendir enseguida es pedirle dos cosas opuestas al mismo tiempo.
Y si viniste a bajar la cabeza, no salgas de acá directo a resolver cosas. Cortá todo un rato. Si en cuanto salís volvés a las responsabilidades, el efecto te dura lo que dura el viaje de vuelta.
Los días siguientes: no lo analices
Esto es lo que más digo, y lo digo casi siempre a la salida.
Hoy no cuestiones nada. No te pongas a pensar qué fue, qué significó, si estuvo bien o si te tendría que haber pasado otra cosa. Disfrutá lo que alcanzaste y lo que te llevás, y dejá que el cuerpo lo procese estos días.
Si necesitás una respuesta, la vas a tener. Y si no, simplemente hay cosas que se acomodan solas.
Lo que sí te puedo decir es que el efecto no termina cuando salís. Sigue trabajando un par de días, y a veces lo que entendés de la sesión lo entendés el jueves, no el martes a la salida.
Y si querés volver
Depende de para qué viniste, y no es lo mismo en los tres casos.
Si fue un relax, no hay una regla, pero una vez al mes funciona bien.
Si viniste por contracturas o dolor muscular, ahí sí conviene seguido al principio: una vez por semana o cada diez días, hasta que la zona se recupere. Cuando eso pasa, se espacia a una vez al mes como mantenimiento.
Y en los tántricos no hay un ideal. Las veces que quieras, con una sola advertencia: que no se vuelva un hábito tan seguido que, en vez de sumarte, le empiece a hacer ruido a tu vida sexual.
Y si todavía no viniste y la duda es la de antes —qué llevar, si hay que desnudarse, qué pasa si te da vergüenza—, eso está en cómo prepararse para recibir un masaje.


