Podés sentir placer y estar desconectado del placer
Podés excitarte, disfrutar de una caricia y sentir algo muy intenso. Y, en medio de eso, empezar a preguntarte cómo te estás viendo, qué deberías hacer o qué espera el otro.
SEXO Y BIENESTAR
10/8/20263 min read


El placer está ocurriendo. Tu atención empieza a ocuparse de otra cosa.
En Conexión Lingam hablamos de desconexión para explorar situaciones como esta. A veces cuesta registrar lo que sentimos. Otras veces sentimos muchísimo, pero nos cuesta permanecer ahí mientras sucede.
Queremos intensificarlo. Controlarlo. Entenderlo enseguida. Hacer algo para que el otro responda. O terminar antes de sentirnos demasiado expuestos.
La intensidad de una sensación y nuestra capacidad de estar presentes con ella son cosas distintas.
Cuando algo deja de estar elegido
En los formularios de postulación a Conexión Lingam se repiten algunas frases, que hoy leo como patrones.
“Se volvió coger con guion.”
“Me siento presionado por tener que estar siempre complaciendo al otro. Y luego me desconecto.”
“Me da miedo no rendir y ser rechazado.”
“No me siento atractivo. Cuando estoy con alguien solo pienso que le puedo dar asco. Termino sin disfrutar nada.”
Sobre qué buscan los hombres que se acercan al taller escribí en por qué venir a Conexión Lingam.
A primera vista hablan de situaciones diferentes. Una describe repetición. Otra, la dificultad para darle lugar al deseo propio. Otra, el miedo a lo que pueda significar la respuesta del cuerpo. Y la última, de lo que creo que el otro lee de mí.
Lo que me interesa explorar es cuánto margen queda para elegir cuando esas preocupaciones empiezan a conducir el encuentro.
Podés seguir haciendo lo que conocés aunque hoy tengas ganas de otra cosa. Complacer mientras perdés de vista tu propio disfrute. O concentrarte tanto en mantener una erección que apenas registres el contacto que estás recibiendo.
Son formas de relacionarnos que podemos haber aprendido y repetido durante mucho tiempo. Reconocerlas permite preguntarnos si todavía nos sirven y qué querríamos hacer diferente.
Tocar y estar en el contacto
Podés tocar a alguien mientras pensás en el siguiente movimiento. Preguntarte si lo estás haciendo bien, buscar una reacción o intentar reproducir algo que antes funcionó.
Las manos están en el cuerpo del otro. Tu atención está pendiente del resultado.
Estar en el contacto incluye poder registrar al otro sin perder de vista lo que te pasa a vos. Percibir su respuesta y también tu comodidad, tus ganas, tu respiración.
Dar placer puede ser muy disfrutable. La pregunta es si, mientras lo hacés, seguís teniendo lugar en la experiencia.
Recibir sin preparar enseguida la devolución
En un momento del taller hago esta pregunta:
¿Cuándo fue la última vez que recibiste algo sin tener que devolver nada a cambio?
A veces alguien te está dando afecto y vos ya estás pensando cómo corresponder. Si deberías hacer algo. Si estás recibiendo demasiado. Si el otro esperará una respuesta determinada.
Explorar la posibilidad de recibir permite notar todo eso.
Podés quedarte un momento en una sensación agradable, pedir un ajuste o reconocer que necesitás una pausa. Estar presente también incluye darte cuenta de que algo no te gusta o de que querés parar.
Esa es parte de la propuesta de Conexión Lingam: prestar atención a cómo vivís lo que sentís y encontrar más espacio para elegir mientras estás con vos mismo y con otros.
Y si tenés más de 50, en Conexión Lingam después de los 50 hablo del cuerpo de hoy, del deseo en esta etapa y de encontrarte con hombres de tu generación.
Si alguna de las frases de arriba te resuena y querés leerlas desarrolladas una por una, escribí sobre eso en Sexo sin conexión: cuando el placer se vuelve automático.
Si te interesa llevar esto a una experiencia corporal guiada, podés conocer la propuesta de Conexión Lingam.


